–        Esta prohibido derrumbarse. No se puede. Es necesario articular los pulmones con movimientos normales de respiración, todo está bloqueado, todo está vacío.

–        Todos nos aguantamos con el corazón clavado en la tripa y en la garganta.

–        Los relojes siguen desgranando los segundos como si nada.

–        Es espantoso el ruido de un corazón cuando se rompe. Como el de un huevo a punto de abrirse aplastado por un bulldozer.

–        Estoy mecánicamente vivo, ya que mis dedos se mueven y mis ojos parpadean. Sin embargo, siento un profundo vacío. Como si me hubiera bebido una taza de té, se me hubiera hecho añicos en la garganta y retorciera todos los puntos sensibles del cuerpo, sin tocar órganos vitales, para que me quede aquí.

–        ¿Qué haremos ahora que siempre es de noche para ti? ¿Qué significa la vida sin ti? ¿Qué te sucede a ti allá arriba? ¿nada? ¿El vacío? ¿La noche, cosas del cielo, el consuelo?

–        No dice nada. Quizá porque en estos momentos no hay nada que decir, solo esperar.

–        ¡Has conocido el amor y la muerte, y te han arrancado el corazón en más de una ocasión! Entonces es cuando compensas el dolor con las sombras. Son como el cemento.

–        Me gustan los libros que caben en los bolsillos, que se pueden acarrear, amar, prestar, doblar una esquina, dar, volver a comprar para leer los fragmentos preferidos. Para mí es un acto importante intercambiar un libro que quieres, como prestar tus zapatos. Aunque… yo no te presto mis zapatos porque me resulta dificilísimo encontrar de mi número.

–        El efecto del somnífero no es radical, me escurro por entre mi sombra hasta los ojos, para ver bien oscuro incluso con los ojos abiertos. Creo que se me ha roto el mecanismo de los parpados, ya no puedo cerrarlos. Brotar los recuerdos, enfurecidos.

–        Algunas veces sol necesito esconderme, en otros momentos desaparecer, para que me dejen en paz y no pensar en nada. Aunque lo mejor sería que me hiciera un traje de pájaro con mi sombra y volar, porque estoy harto de arrastrar la cara bajo tierra, de no ver ahí absolutamente nada y pienso que, quizá, en el cielo, o justo encima, te encontrare.

–        Me da miedo que la gente te vea, y que también vean mi sombra. No me apetece dar explicaciones ahora que eres un gigante que me ha prestado un pedazo de su sombra para ayudarme a combatir la muerte y todo eso. Más adelante quizá, en una canción… pero ahora, me gustaría guardármelo para mí.

–        Vivo en tu sueño, nadie puede ver tus sueños. Y, aclarado esto, debes seguir soñando con todas tus fuerzas…

–        Ese reloj funciona con sueños, con el hecho de creer y únicamente con eso.

–        Un sueño roto bien pegado puede volverse aún más bello y sólido. Hasta el punto de hacer añicos los límites de lo real.

–        Me encantaría poder contarle la historia del gigante, y de cómo manejo el duelo con la sombra. Como me escondo, como trato de rehacer mi vida interior. Pero es demasiado pronto. No encuentro palabras.

–        El cielo sangra, la luz de la luna derrama torrentes eléctricos por el agujero de las estrellas muertas desde hace mucho tiempo. Sacudo las estrellas caen de nuevo, provocando aquí y allá incendios y fuegos fatuos.

–        ¡amigos, llueven estrellas! ¡asomad los morros, ahora el cielo se convierte en una estrella fugaz!

–        Ay, cuanto daría por abrazarte y besarte en la frente, desgarrar la noche, colgarte a mi espalda. Te llevaría lejos, te soplaría por toda la piel, tú lo sentirías, te sentirías exactamente igual que antes.

–        Trepo los estratos plateados de ese cielo lechoso y hago slalom entre las estrellas negras. Mil albas blancas se alzan sobre mis hombros, salto de la noche al día, de la sombra a la luz.

–        Ya es hora de que te reconcilies de nuevo con la vida

–        Tienes muchas herramientas para seguir soldando tu corazón, amor a montones, historias que contar, las canciones, los libros.

–        El sonido de su voz se atenúa, poco a poco, hasta el silencio. Una última sacudida de su risa. Hacer cosquillas a un contrabajo viviente haría exactamente el mismo ruido. Y después nada más. Ultimo eco y silencio total.

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