Tropezarnos un día por casualidad.

Encontrarse las miradas.

Intercambiarnos un saludo y una despedida.

Pensar…pensar si es ella.

Ilusionarme y trazar un plan para conocerla, enamorarme y enamorarla. Darme cuenta de que está con alguien y que las posibilidades se evaporan por momentos y aún así no marcharme.

Esperar, porque ese presentimiento de que sea ella me quita el sueño, me obliga a esperar, a ser paciente.

Y un día, así sin quererlo, después de tropezarnos, mirarnos, saludarnos, despedirnos, pensar, ilusionarme, trazar el plan, conocerla, enamorarme, esperar, presentir y ser paciente, me encuentro en el coche a las tantas de la noche acariciando su mejilla y probando sus labios.

Y casi un año más tarde sigo probando sus labios, acariciando su mejilla, mordiendo su cuello, oliendo su pelo, bebiendo de su sonrisa, de su mirada…algo que espero que no acabe nunca, por más que pasen los días o los meses o los años…

Para que luego digan que los presentimientos no existen…pues mi presentimiento eres tú 

Decirte te quiero es poco, pero aún no se ha encontrado la palabra que defina lo que siento por ti, porque nadie ha llegado a sentir tanto por nadie.

<< El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos>>

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